En el corazón verde de Galicia, donde los montes se visten de castaños, brezos y robles, donde la humedad moldea los paisajes y la vida rural resiste con alta dignidad, trabaja en silencio un ejército de miles de abejas. Sus zumbidos son la banda sonora de una historia tejida con mimo, cooperación y raíces profundas: la de la cooperativa Erica Mel, que cuenta con 35 años de historia apostando por una miel 100% gallega, auténtica y con alma. Ahora, gracias a su alianza con Alcampo, esa miel con nombre de brezo y sabor a bosque llega a hogares de toda España, bajo el distintivo Cultivamos Lo Bueno, para que cada cucharada cuente también la historia de quienes la hacen posible.
“La historia de Erica Mel se remonta a principios de los años 90 del siglo pasado, una época difícil para la apicultura gallega. “Vender miel entonces era muy complicado. No existía un mercado estructurado, no había muchas empresas que comprasen y los precios eran muy bajos”, recuerda para Huella José Antonio Rodríguez Cornes, administrativo de la cooperativa y testigo directo del camino recorrido.
Una cooperativa nacida de la necesidad y la convicción
Un camino que empezaron a trazar una treintena de apicultores que decidieron unir fuerzas para dejar atrás la flaqueza que en aquellos momentos planeaba sobre su sector. Muchos de ellos eran pequeños productores que trabajaban incluso de forma artesanal, y sabían que solos no podían competir. Es así como nació Erica Mel, una cooperativa cuyo primer objetivo fue claro: dar valor añadido al producto y conservar su riqueza en la propia tierra.
“El primer gran paso fue empezar a envasar la miel aquí, en Galicia. Hasta entonces todo era a granel, lo que dificultaba ofrecer un mejor precio al socio y provocaba que el beneficio no lo tuviera el apicultor. Con el envasado, empezamos a cambiar eso”, explica José Antonio.
Así, casi de forma simbólica, se comenzaron a llenar los primeros botes de un kilo, lo justo para contratar a una persona a media jornada en unas instalaciones que apenas tenían 50 metros cuadrados. El lugar era pequeño pero la voluntad de hacer algo grande era enorme, y de allí germinó una idea que con el tiempo se consolidaría en lo que hoy es esta cooperativa.
200 socios de las cuatro provincias gallegas
Tres décadas después de aquellos inicios, Erica Mel cuenta con unas instalaciones de 400 metros cuadrados en Arzúa (A Coruña) y agrupa a unos 200 socios repartidos por las cuatro provincias gallegas. Todos ellos cumplen, sin excepción, con unos requisitos claros: pertenecer a la Asociación Galega de Apicultura, estar inscritos en la IGP Miel de Galicia y disponer de al menos 20 colmenas.
Según explica José Antonio a esta publicación, el número de socios de la cooperativa se mantendrá estable y sin variación para seguir, como desde el principio, priorizando la calidad frente a la cantidad.
“Vender miel en los 90 era muy complicado. No existía un mercado estructurado, no había muchas empresas que comprasen y los precios eran muy bajos”
José Antonio Rodríguez Cornes, administrativo de la Cooperativa
Una miel que refleja el paisaje gallego
Y es que la miel de Erica Mel no es solo un producto de alimentación. Es, en cierto modo, un extracto líquido del paisaje gallego: de sus bosques frondosos, de sus floraciones únicas y de su climatología cambiante. “Las mieles gallegas tienen una riqueza floral muy distinta a las del resto de España. La humedad, las montañas, la variedad vegetal… todo influye en su sabor, en su color, en su textura”, destaca José Antonio Rodríguez Cornes.
Actualmente la cooperativa comercializa distintas variedades de miel, dependiendo de la zona de recolección y del tipo de flor predominante. Entre ellas figuran la miel de brezo, cuya floración da nombre a la cooperativa; la de zarzamora, eucalipto y multifloral, según la combinación de pólenes presentes en cada lote; la miel de bosque y la miel de castaño.
Todas ellas están amparadas bajo la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Miel de Galicia, lo que garantiza su trazabilidad, su origen 100% gallego y la prohibición expresa de usar envases plásticos.
“Todos nuestros envases son de cristal. Queremos que el consumidor sepa que lo que tiene entre manos es auténtico”, explica José Antonio. Y cuando la miel se vende a granel, cosa que también hacemos, se envía en barriles metálicos, cumpliendo siempre con la normativa IGP.
De Arzúa a toda España de la mano de Alcampo
Son la miel de bosque y la miel de castaño con las que la cooperativa ha sumado un hito a su trayectoria al haber entrado por la puerta grande de Alcampo. “Cuando entramos en contacto con Alcampo les presentamos nuestros productos, les invitamos a conocer nuestras instalaciones y a visitar algunos colmenares, y desde el primer momento sentimos que hablábamos el mismo idioma: el del respeto al productor y a la tierra”, explica José Antonio.
Tras varias reuniones y meses de trabajo conjunto, la colaboración se ha visto materializada ahora con el lanzamiento de dos variedades de miel Erica Mel en los lineales de Alcampo: la miel de bosque, procedente del sur de Lugo y Ourense, con tonalidades muy oscuras, un sabor dulce con notas amargas y un aroma vegetal intenso; y la miel de castaño, recolectada en los soutos de Lugo y Ourense, con tonos rojizos, sabor dulce con matices salados y un altísimo contenido en minerales y antioxidantes.
“Buscamos alimentos que cuenten una historia real. En Erica Mel encontramos autenticidad, calidad y un modelo de producción cooperativo que encaja perfectamente con nuestra filosofía".
Magda Sik, responsable de producto de marca propia de Alcampo.
Bajo el distintivo Cultivamos Lo Bueno
Ambas variedades se venden en frascos de cristal de 500 gramos, con la contraetiqueta oficial de la IGP, y bajo el distintivo Cultivamos Lo Bueno de Alcampo.
“Buscamos alimentos que cuenten una historia real. En Erica Mel encontramos autenticidad, calidad y un modelo de producción cooperativo que encaja perfectamente con nuestra filosofía”, destaca, por su parte, Magda Sik, responsable de producto de marca propia de Alcampo, quien recuerda que Cultivamos Lo Bueno identifica productos de origen responsable, trazabilidad clara y compromiso con el productor.
Un proceso artesanal, con tecnología y compromiso
Un compromiso que en este caso se observa en cómo en la cooperativa, para la elaboración de la miel, siguen los ritmos de la naturaleza. Durante la primavera y el verano, los socios cuidan de sus colmenas y se preparan para la mielada, ese momento mágico en el que las flores estallan y las abejas se entregan al néctar. Y ya en septiembre, los apicultores recolectan la miel, la filtran y la trasladan en bidones a la sede de la cooperativa.
Allí comienza el control de calidad donde se analizan los niveles de humedad y se realizan estudios polínicos para determinar si se trata de una miel monofloral o multifloral. Tras ese proceso, -cuenta José Antonio- “la miel se almacena en condiciones óptimas y se va envasando durante todo el año, en función de la demanda”.
El envasado es sin duda uno de los logros de esta cooperativa. “En los últimos años hemos podido automatizar parte del proceso. Fue una inversión importante, pero necesaria para ser más eficientes sin renunciar al control”, señala. El producto final se distribuye con la ayuda de empresas de transporte, llegando a tiendas, ferias y ahora también a grandes superficies “gracias al apoyo de Alcampo”, matiza.
“Todas las mieles están amparadas bajo la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Miel de Galicia, lo que garantiza su trazabilidad, su origen 100% gallego y la prohibición expresa de usar envases plásticos”
Pere Soler
Más que miel: comunidad, relevo y futuro
Lo que distingue a Erica Mel no es solo la calidad de su producto, sino su dimensión social y su compromiso con el medio rural gallego. “El beneficio revierte directamente en los socios. Esa es la fuerza de una cooperativa: cuidarnos entre todos”, resume José Antonio.
Además, Erica Mel está contribuyendo activamente a mantener viva la apicultura. “Hay relevo generacional. Tenemos socios jóvenes que siguen apostando por este oficio”, apunta. Y en un contexto marcado por el cambio climático y amenazas como la avispa asiática, el papel de la cooperativa es aún más relevante. “Algunos socios colocan trampas, otros informan de nuevas colonias… hay una vigilancia constante. La unión nos da fuerza para resistir”, añade.
De cara al futuro, desde Erica Mel son prudentes pero optimistas. “Queremos crecer, pero con cabeza. Lo importante es mantener la calidad, seguir posicionándonos bien y avanzar con estabilidad. Entrar en Alcampo es un gran paso, y esperamos que sea el primero de muchos”, concluyen.